Desde diciembre de 2025 hasta enero de 2026 se han venido sucediendo varias retiradas y devoluciones por precaución a nivel mundial debido a la presencia de toxina cereulida en preparados para lactantes.


Para la toma de decisiones en gestión del riesgo derivado de la presencia de esta toxina, la Comisión Europea solicitó a la EFSA asesoramiento científico sobre el umbral de contaminación por encima del cual los productos deben ser retirados del mercado.

Estos son los resultados de la Evaluación de Riesgo preliminar de la EFSA:


0,014 μg/kg
peso corporal y día – ARfD para la cereulida en lactantes

La ARfD se ha calculado mediante modelos de dosis de referencia, al que se le ha añadido un factor de seguridad adicional dado que los lactantes de muy corta edad (menos de 16 semanas) metabolizan las sustancias de forma diferente a los adultos.


Los siguientes valores están basados en la cantidad máxima de producto que suelen consumir los lactantes: Para los preparados para lactantes, se ha estimado un valor de 260 ml por kilogramo de peso corporal para la exposición a corto plazo (24 horas). En el caso de los preparados de continuación, generalmente no consumidos por los lactantes menores de 16 semanas, la EFSA ha fijado un valor de 140 ml por kilogramo de peso corporal.


La EFSA ha concluido que las concentraciones de cereulida en preparados para lactantes reconstituidos (líquidos) superiores a:

  • 0,054 μg/l en preparados para lactantes, y
  • 0,1 μg/l para preparados de continuación

superarían los niveles seguros.

¿Qué es la Cereulida?

La cereulida es una toxina producida por la bacteria Bacillus cereus que puede provocar náuseas, vómitos y dolor de estómago repentinos entre 30 minutos y seis horas después de su ingestión, continuando con un cuadro gastrointestinal con diarrea que puede desencadenar varias complicaciones. En bebés, puede alterar el equilibrio de sales del cuerpo y causar deshidratación. Se considera que los posibles efectos negativos sobre la salud son de leves a moderados y dependen de la edad del bebé, siendo los neonatos y los lactantes menores de seis meses más propensos a sufrir complicaciones graves.